
Hay veces en la que nos merecemos lo que nos sucede. Aunque nos quedemos varias noches sin dormir pensando porqué nos sucede esto. Lo único cierto es que si pensáramos dos veces antes de actuar, las cosas serían diferentes. Pero pasado un tiempo se nos olvida este precepto y no lo ponemos en prácticas. Entonces llega la hora de las lamentaciones y los recuerdos pesan tanto que ya no sabemos ni qué hacer.
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