
Si fuera tan fácil olvidar. Si nos levantásemos al día siguiente y apenas recordáramos las cosas buenas que nos sucedieron el día anterior, viviríamos siempre rodeados de un aura de felicidad que no sería propia de un ser humano. Incluso la balanza que mantiene el equilibrio acabaría partiéndose y produciendo en nuestro interior una serie de sensaciones que nos llevarían al caos y la desesperación. Por eso a veces recordar lo malo nos hace ver que tenemos que continuar con más fuerza que la conseguida hasta ahora, porque sólo así, cuando lleguen las cosas buenas, el esfuerzo será mayor y la satisfacción desbordará todos y cada uno de nuestros sentidos.
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