
Se había levantado y le temblaba el pulso en una mañana fría, de esas que dejan escarcha tras los cristales y calles mojadas. Comenzó a notar que algo le faltaba y, decidida, comenzó a buscarlo por toda la casa hasta el más ínfimo de los rincones. Pero lo cierto es que no encontró nada. Después, una nota le dejó marcada para siempre. Fue lo único que daba respuesta a tantos años de besos y dulces atardeceres de invierno. Pensaba que esas palabras mentían, que si se encontraba con él, sus ojos sí que le dirían la verdad, pero lo cierto es que nunca supo nada de aquélla alma con la que había compartido varios años de su vida.
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