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martes, 21 de diciembre de 2010

Littera


La lluvia moja los cristales de la memoria. Nos trae sonrisas de tardes de café y paraguas, viajando en el tiempo como si estuviéramos dominando el universo desde la perspectiva más alejada de la realidad. Después sale el sol y toca volver a poner los pies en la tierra. Y es entonces cuando caigo de bruces sobre la hierba mojada y apenas puedo levantar la mirada para descubrir un mundo ante mis ojos. Quizás todo fuera más fácil si tuviera entre mis manos el reloj del tiempo que domina el devenir de los días. O quizás escondiera bajo las sábanas la certeza del universo bajo efímeros segundos que muestran tardes de primavera con momentos que guardar en los bolsillos. Pero lo cierto es que ahora no toca pensar…ahora no.

jueves, 26 de noviembre de 2009

Resurgir de la nada


Si pudiéramos encontrar todo lo que tenemos en nuestro interior. Poder sacar a flor de piel nuestras sensibilidades y mirar a los demás hasta comprobar de qué están hechos y qué contienen que nosotros no tenemos. Observar qué les falta y qué nos falta a nosotros. En definitiva, conocernos para saber cómo será y para saber un poco mejor cómo somos. Pero todo esto sería bastante sabiduría para simples cuerpos que están de paso en este mundo. Para algo que acabará convirtiéndose en polvo y que el tiempo se encargará de borrar.

lunes, 23 de noviembre de 2009

Perdido


Me he perdido. Quizás no logré seguir las señales y a alguna que otra le perdí la pista. A lo mejor todo hubiera sido mejor si me hubiera guiado por las estrellas, pero seguramente hubiera llegado un punto en el que me habría perdido aún más. Por ahora, he de caminar con paso firme y continuar hasta encontrar la próxima señal. ¿Cuál será el destino? Ahora es lo de menos, lo importante es llegar a tiempo.

sábado, 21 de noviembre de 2009

Fuera de tiempo


Hay veces en la que nos merecemos lo que nos sucede. Aunque nos quedemos varias noches sin dormir pensando porqué nos sucede esto. Lo único cierto es que si pensáramos dos veces antes de actuar, las cosas serían diferentes. Pero pasado un tiempo se nos olvida este precepto y no lo ponemos en prácticas. Entonces llega la hora de las lamentaciones y los recuerdos pesan tanto que ya no sabemos ni qué hacer.