
Cerrar los ojos e imaginar que estás donde deseas. Sentir que pronto vas a encontrarte con ese paraíso donde vas a poder evadirte y de todo y dedicar las tardes a la nada y a la recuperación para volver con más fuerza cuando te encuentres con la realidad. Tardes de un noviembre que se presenta incierto sin saber qué pasará, aunque sí sabemos la base sobre la que nos encontramos porque ya hemos vivido un antes que ha calmado nuestra inexperiencia. Y antes de haber recobrado las energías para poder repartir seguridad allá por donde vamos, nos damos cuenta de que llega otra vez el momento de continuar y de ponernos en marcha para coger otra vez el tren de la monotonía que nos llevará a esas mañanas donde el sol nos despierta entrando por la ventana y despertándonos en un nuevo día.
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