
Levantarse al día siguiente con un corazón nuevo parece tarea imposible. Más todo depende de la envergadura del problema que atañe directamente al órgano que mueve los sentidos y las sensibilidades. Mientras esto sucede debemos evitar que la fuerza motriz sean las lágrimas logrando sacar en cada momento una sonrisa, o al menos intentar esbozarla para dejar enmarcado en el instante una pequeña alegría que nos anime a confiar en un futuro con un corazón casi nuevo, asemejado al anterior pero con una fuerza que supere los obstáculos con más energía que aquel que se desvaneció en el intento.
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