Qué poco queda ya. La primavera
se va apagando, se rinde. Pero pronto llegará el verano. Dos mundos diferentes pero
que guardan la ilusión de las tardes largas y paraísos nuevos. Llega el verano,
una época para abrir ventanas al amanecer para no caer y no descubrir en qué
hemos fallado el resto del año. Al mundo y a la vida meses de calor y de rencuentros.
Nada podrá parar este tren desenfrenado donde julio y agosto se convierten en
eternos días. Se acabaron los guiones y los papeles. Ahora la libertad deseada
por encima de todo. Ni angustia, ni temor. Sólo libertad. Amplia.
viernes, 15 de junio de 2012
sábado, 24 de marzo de 2012
La mujer del balón
Todas las mañanas, desde que
llevó aquí, la veo asomándose a su balcón. Sentada, con el pelo blanco y castigada
por los años. Su marido la suele sacar para que vea la mañana en la enorme
plaza que nos separa. Poco se conoce, excepto que un perro juguetea entre sus
pies. Luego, por la tarde, vuelve a asomarse y así hasta que el crepúsculo se
va. ¿Cuántos años llevarán juntos? Él la asoma cuando llega el mediodía y allí está,
sentada mientras que él seguramente se dedique a hacer las tareas del hogar.
Parece estar enferma, la edad
puede rondarle los setenta u ochenta años. Pero seguramente se asome al balcón
recordando tiempos de ayer, cuando era una muchacha que andaba cerca del
Guadalquivir cantando canciones de épocas oscuras donde no existía la libertad.
Cómo ha cambiado el tiempo y ella tan débil, vivo retrato en sepia de lo que
fue, mujer que día tras día recibe al sol desde el gran ventanal y donde se
sienta a contemplar los mismos días que en un pasado la vieron jugar en su infancia sin lágrimas montada
sobre la velocidad de un sueño hacia destinos desconocidos.
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