lunes, 21 de noviembre de 2011

Volver


Se había levantado de la cama sin hacerlo durante varios meses. Parecía mentira que después de tanto tiempo pudiera levantarse sin ni siquiera tambalear su cuerpo sobre las sábanas, raídas y amarillas que yacían en la cama. Simplemente se levantó, como lo hacía cada mañana antes de que se postrara en aquel lugar sin poder levantarse. Se dirigió a la ventana. El sol entraba por ella iluminando hasta los rincones más oscuros de un habitáculo que parecía más una cárcel que otra cosa. Y allí, justo en el mismo instante en el que el frío del metal le recorrió las manos al apoyarlas sobre la ventaba, divisó el paisaje que tanto tiempo esperó. Los barcos entraban en la esclusa y salían del puerto como cada mañana. Los marineros se enrolaban en la marina y las gentes del mar iban con cajas de pescado de un lado a otro, mientras las gaviotas despertaban al pueblo ante un nuevo amanecer. Decidió entonces que era el momento de volver a la vida. Y así, sin más, se abrochó los zapatos, se lavó  la cara y fue dispuesto a volar, sin necesidad de tener que andar sobre sus pies.

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