Los días se mecen entre abanicos a media tarde y paseos al anochecer. Largos caminos de madrugadas en luna llena que dejan paso a una alborada donde aurora extiende sus rosados dedos dando comienzo a un nuevo día, bajo el astro rey, que recorrerá angostas calles y desiertas plazas. El reloj del campanario da las cuatro. Las callejuelas duermen bajo un intenso calor de verano. Las chicharras cantan y la vetusta fuente del parque deja escapar el agua sobre la que sobrevuelan susurros de abejas.
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