De no pensar en nada a inundar la mente de viejas nostalgias. Y de estar perdido entre las sábanas a conseguir que uno sólo de tus recuerdos llegue a mi memoria, encontrándome una vez más contigo. Qué pronto olvidé pensar en ti y qué tarde me fui alejando de tus pasos. Qué alegría el no verte más, qué sonrisas se despiertan al verte dormida sobre la memoria y saber que no conocerás la luz. Pronto se borrarán tus huellas, aunque tu esencia seguirá detrás de las paredes de nuestra ínfima memoria...
La memoria sabes muy bien dónde herir. Saludos, Enrique. Berta.
ResponderEliminarGracias por tu comentario, Berta.
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